El aire hedía contaminado mientras Celestito acercaba su frío rostro al cristal. A su alrededor todo era caos e imágenes distorsionadas, un mundo que se movía vertiginosamente al compás de un desenfrenado final acechante.
Se preguntó si existiría algún lugar o refugio más allá de la contaminación, pero la corriente de aire le impedía desplazarse hacia otro lugar más seguro...
Y ante tal hecatombe, Celestito sólo pudo decir: bop.
(Celestito cumple hoy 6 meses y he cocinado coliflor. El pobre estaba a salvo mientras la casa sólo era respirable con máscara de gas...Pero, ¿qué va a entender un pez ante tal catástrofe?)
martes, 19 de noviembre de 2013
lunes, 11 de noviembre de 2013
It's just life
A veces, en otoño, el Parque del Retiro se resiste a desprenderse de las hojas amarillas del pasado verano. A veces llueve. Solo a veces, y las gotas de lluvia se deslizan entre las hojas de los árboles para caer, como un suspiro, en mi mano.
Siempre habrá alguien en chándal, que pasee a un bulldog, igual que siempre habrá alguien que le agarre la correa a algún perro bonito.
En alguna llanura los jóvenes siguen intentando patinar y en algún banco, una pareja adolescente se demuestra con besos lo que los labios callan.
En algún lugar hay selva y sombra y un lector solitario se ensimisma en su libro mientras las horas pasan.
Un carrito de bebé.
Una pareja de ancianos.
Unas fotos de boda amarillas y naranjas y rosas al atardecer de un día cualquiera de noviembre.
A veces, no pasa nada. Simplemente no pasa nada, más que la vida, delante de nuestros ojos...
lunes, 4 de noviembre de 2013
El susurro del río, el río que fluye...
Sonaban los extraños acordes de un silencio premeditado. Desde la primera hora de la mañana, que para aquellos días de vacaciones, no era antes de las diez.
La madera del suelo de la casa crujía con los pequeños pasos, y olía a chimenea y a repostería horneada.
Silencio.
Él se daba la vuelta envolviéndose en la sábana mientras entraban escasos rayos de sol por la ventana entre las nubes.
(...)
El río Esla serpenteaba por los valles de Benavente. Seguimos su curso por carreteras y caminos, por cuestas, por rutas inexploradas, por pueblos de 100 habitantes. Entre un abismo y el río se alza un pequeño pueblo llamado Bretocino, en la provincia de Zamora.
Nada.
Encontrarse en medio de la nada. Las hojas amarillas del otoño, senderos de tierra antaño recorridos por caballos, piedras (y setas) y él, de mi mano.
A veces basta nada para tenerlo todo.
A veces hay que perder la cordura y gritar "te quiero", así, en medio de un bosque, a 100km de la civilización, entre los árboles, el susurro del río que fluye... buscando su camino.
La madera del suelo de la casa crujía con los pequeños pasos, y olía a chimenea y a repostería horneada.
Silencio.
Él se daba la vuelta envolviéndose en la sábana mientras entraban escasos rayos de sol por la ventana entre las nubes.
(...)
El río Esla serpenteaba por los valles de Benavente. Seguimos su curso por carreteras y caminos, por cuestas, por rutas inexploradas, por pueblos de 100 habitantes. Entre un abismo y el río se alza un pequeño pueblo llamado Bretocino, en la provincia de Zamora.
Nada.
Encontrarse en medio de la nada. Las hojas amarillas del otoño, senderos de tierra antaño recorridos por caballos, piedras (y setas) y él, de mi mano.
A veces basta nada para tenerlo todo.
A veces hay que perder la cordura y gritar "te quiero", así, en medio de un bosque, a 100km de la civilización, entre los árboles, el susurro del río que fluye... buscando su camino.
sábado, 26 de octubre de 2013
Era verano...
Se colaban una serie de sonidos inconexos por la ventana entreabierta: motos que arrancaban, niños que gritaban por la ventana, silencio, murmullos de una pareja... Hacía calor, y ya ni siquiera se cubrían con la ligera sábana de algodón.
No importaba. Ni el ruido de la calle, ni la larga jornada de trabajo, ni el calor asfixiante de Madrid. No importaba el cansancio, las horas de letargo, el sudor que había fundido ya sus pieles.
Olía bien, quizás la vela de olores deliciosos, o el gel de coco que habían agotado, horas antes, en su refugio contra el calor bajo la ducha.
Y así pasaban las horas entre risas e historias, mientras el mundo caía.... Egipto, Canadá, Rusia, América Latina...
H2O
Había caído la noche. La semana apenas terminaba entre cortinas de lluvia.
Llovía.
Esta vez de noche, entre las luces de ciudad, entre las luces de los coches.
Llovía y las gotas se volvían luces entre la oscuridad de una temprana noche.
Quedaban pocos por la calle. Algunos refugiados bajo paraguas, otros avanzaban buscando techos bajo edificios.
Es una postal absurda, como de película antigua, la oscuridad de la noche, la ligereza de las gotas de lluvia que se derraman contra las calles de ciudad, las luces de los coches que se abren paso entre ellas.
Agua.
Es que sólo es agua.
Que forma pequeños riachuelos y grandes alborotos.
Que riega e inunda.
Agua...
Llovía.
Esta vez de noche, entre las luces de ciudad, entre las luces de los coches.
Llovía y las gotas se volvían luces entre la oscuridad de una temprana noche.
Quedaban pocos por la calle. Algunos refugiados bajo paraguas, otros avanzaban buscando techos bajo edificios.
Es una postal absurda, como de película antigua, la oscuridad de la noche, la ligereza de las gotas de lluvia que se derraman contra las calles de ciudad, las luces de los coches que se abren paso entre ellas.
Agua.
Es que sólo es agua.
Que forma pequeños riachuelos y grandes alborotos.
Que riega e inunda.
Agua...
domingo, 13 de octubre de 2013
Ventanas
Mi abuela siempre mira a través de esa ventana.
Cuando se acerca el día del Pilar, la casa se llena de familiares que, como cada año, acudimos a visitar a mi tía Pilar por su santo.
Ella se pone muy contenta con la algarabía, con la gente "de fuera" que siempre trae noticias y novedades.
Sin embargo, cuando nos vamos, se acerca con su sillón de orejas a la ventana de nuevo.
Desde esa ventana mira la plaza. Esa plaza que ha contemplado desde hace 60 años, cuando decidió emprender una vida común con "Antoñito".
Esa ventana siempre está abierta. A veces hace calor, otras, la lluvia se cuela y alcanza a mojar el suelo de parquet, y otras, como hoy, el cielo está gris.
El cielo está gris porque se avecina la llegada del invierno, el frío del otoño tardío que llega con el paso de cada año.
Y ella se sienta allí, mientras mi abuelo duerme. En esa ventana, a ver cómo pasa la gente, las nubes, el tiempo...
Cuando se acerca el día del Pilar, la casa se llena de familiares que, como cada año, acudimos a visitar a mi tía Pilar por su santo.
Ella se pone muy contenta con la algarabía, con la gente "de fuera" que siempre trae noticias y novedades.
Sin embargo, cuando nos vamos, se acerca con su sillón de orejas a la ventana de nuevo.
Desde esa ventana mira la plaza. Esa plaza que ha contemplado desde hace 60 años, cuando decidió emprender una vida común con "Antoñito".
Esa ventana siempre está abierta. A veces hace calor, otras, la lluvia se cuela y alcanza a mojar el suelo de parquet, y otras, como hoy, el cielo está gris.
El cielo está gris porque se avecina la llegada del invierno, el frío del otoño tardío que llega con el paso de cada año.
Y ella se sienta allí, mientras mi abuelo duerme. En esa ventana, a ver cómo pasa la gente, las nubes, el tiempo...
viernes, 11 de octubre de 2013
Que ya es otoño
Hoy ha caído la primera hoja del cielo. Como un espejismo.
Ha caído de un cielo azul celeste intenso
De entre dos edificios de la Gran Vía
Mientras sus dedos enredaban con mis dedos.
Ha caído despacio, seca y ligera
en el lapso que dura uno de nuestros besos.
Uno de los de película, que son esos largos e incansables,
que no uno de los de cine,
de los que hay que darse en silencio mientras la acción ocurre en la pantalla.
Ha caído del cielo de ciudad
del infinito
fundiendo la naturaleza con lo urbano
el otoño que no acaba de arrasar con el verano.
Ha caído de un cielo azul celeste intenso
De entre dos edificios de la Gran Vía
Mientras sus dedos enredaban con mis dedos.
Ha caído despacio, seca y ligera
en el lapso que dura uno de nuestros besos.
Uno de los de película, que son esos largos e incansables,
que no uno de los de cine,
de los que hay que darse en silencio mientras la acción ocurre en la pantalla.
Ha caído del cielo de ciudad
del infinito
fundiendo la naturaleza con lo urbano
el otoño que no acaba de arrasar con el verano.
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