lunes, 4 de noviembre de 2013

El susurro del río, el río que fluye...

Sonaban los extraños acordes de un silencio premeditado. Desde la primera hora de la mañana, que para aquellos días de vacaciones, no era antes de las diez.
La madera del suelo de la casa crujía con los pequeños pasos, y olía a chimenea y a repostería horneada.
Silencio.
Él se daba la vuelta envolviéndose en la sábana mientras entraban escasos rayos de sol por la ventana entre las nubes.
(...)
El río Esla serpenteaba por los valles de Benavente. Seguimos su curso por carreteras y caminos, por cuestas, por rutas inexploradas, por pueblos de 100 habitantes. Entre un abismo y el río se alza un pequeño pueblo llamado Bretocino, en la provincia de Zamora.

Nada.
Encontrarse en medio de la nada. Las hojas amarillas del otoño, senderos de tierra antaño recorridos por caballos, piedras (y setas) y él, de mi mano.
A veces basta nada para tenerlo todo.
A veces hay que perder la cordura y gritar "te quiero", así, en medio de un bosque, a 100km de la civilización, entre los árboles, el susurro del río que fluye... buscando su camino.


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