Italia dice "sí" al cambio, mientras una España desgastada y agonizante se conforma con otros casi tres años de ineficiencia de este gobierno.
Hoy, que la política se ha vuelto esa tubería turbia y llena de residuos que no logramos tragar, hoy que más razones tendríamos para decir "no" a los que nos gobiernan, hoy solo oigo gritos ahogados de silencio. Creo firmemente en la democracia, pero sobre unas bases políticas: honestidad, trabajar no por un sueldo, sino por un bienestar colectivo, para empujar a una sociedad hacia adelante y, en ese empujón, empujoncito o lanzadera, salir todos beneficiados.
El dinero que se convirtió en ladrillos no se vuelve a convertir en dinero. El dinero que se llevan "limpito" los Noos, los Bárcenas, lor Gürtel, y todos los topos que siguen (por el momento) bajo las profundidades mediáticas. Todas esas inversiones en improductividad y sin pedir resultados a cambio. Todos esos olivos arrancados.
Todo eso parece haberse perdido en un universo imaginario, un paraíso fiscal, bajo el sofá rojo de la abuela Pepi, en inversiones en nuevos pisos en primetercera línea en la costa de Marbella. Pero os diré dónde NO ha ido ese dinero.
- No ha ido a I+D+I, que es uno de los pilares que podría sacar a España de la crisis.
- No ha sido destinado a mejorar la sanidad pública, la educación pública
- No se ha convertido en aceras accesibles para minusválidos
ni en hogares para los millones de personas que viven en la calle
ni en alimentos
ni en parques.
Y os recuerdo, que Italia hace no mucho estaba igual. Igual.. de mal. No se trata de mediterráneos, de sureños, de dinero. Se trata de una mala gestión de recursos. De eso trata esta crisis. De qué hacer con el dinero, de qué hacer con el voto, y, entre que España se lamenta de su falta de cultura política, Italia destrona a Il Cavaliere...
viernes, 1 de marzo de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
Sin mirar al cielo
Sonaba el estridente rugir de un violín entre Sevilla y Sol. Las temperaturas estaban de nuevo por debajo, debajo del umbral del placer de salir a la calle porque sí. Sin embargo, atardecía anaranjado entre nubes celestes, y el frío de las manos ocultas bajo unos guantes de lana olvidaba lo que calla febrero.
Ante el paso ligero de los días de frío, las notas sueltas deslizadas por las cuerdas del violín inundaban la acera. El paso de unos tacones. Alguien se detiene. Alguien pasa de largo. Alguien mira la pantalla de su Blackberry. Y Madrid transita sin mirar al cielo, sin mirarse a los ojos, sin redescubrirse, anodina, dormida, sola.
Ante el paso ligero de los días de frío, las notas sueltas deslizadas por las cuerdas del violín inundaban la acera. El paso de unos tacones. Alguien se detiene. Alguien pasa de largo. Alguien mira la pantalla de su Blackberry. Y Madrid transita sin mirar al cielo, sin mirarse a los ojos, sin redescubrirse, anodina, dormida, sola.
martes, 19 de febrero de 2013
Who?
El suelo del metro estaba completamente blanco y pulido. Los zapatos se arrastraban sin piedad bajo las luces de neón tenues, y aquel día de lluvia, las pequeñas gotas se amontonaban en los paragüas que se movían al ritmo incesante de pasajeros que vienen y van.
Quizás, a las 7 de la tarde de un absurdo martes de lluvia de febrero, nadie se habría dado cuenta de que, en el suelo, había una foto de carnet del revés, una cartulina blanca que apenas se distinguía entre pasos rápidos y relojes que no se detienen.
Él sí.
La cogió con dos dedos, y la levantó, ante la mirada confusa de dos ancianos que acababan de entrar al pasillo. Era una chica de pelo corto y expresión risueña. Qué raro, pensó. Ellas nunca sonríen. Los ojos, apenas maquillados, brillaban ante un flash inexistente.
¿Por qué nadie se habría parado a recogerla? ¿Serían las prisas? ¿Que la chica no se había dado cuenta? ¿Se le habría caído a su novio? ¿Qué hacía? ¿Hacia dónde iba desde el metro de Colón?
Y se paró a pensar en lo aleatoria que es la existencia, lo escasas que son las coincidencias, lo ajenos que estamos de las vidas de otros que recorren nuestro mismo camino, bajo los mismos focos, entonando los mismos pasos.
Quizás, a las 7 de la tarde de un absurdo martes de lluvia de febrero, nadie se habría dado cuenta de que, en el suelo, había una foto de carnet del revés, una cartulina blanca que apenas se distinguía entre pasos rápidos y relojes que no se detienen.
Él sí.
La cogió con dos dedos, y la levantó, ante la mirada confusa de dos ancianos que acababan de entrar al pasillo. Era una chica de pelo corto y expresión risueña. Qué raro, pensó. Ellas nunca sonríen. Los ojos, apenas maquillados, brillaban ante un flash inexistente.
¿Por qué nadie se habría parado a recogerla? ¿Serían las prisas? ¿Que la chica no se había dado cuenta? ¿Se le habría caído a su novio? ¿Qué hacía? ¿Hacia dónde iba desde el metro de Colón?
Y se paró a pensar en lo aleatoria que es la existencia, lo escasas que son las coincidencias, lo ajenos que estamos de las vidas de otros que recorren nuestro mismo camino, bajo los mismos focos, entonando los mismos pasos.
lunes, 18 de febrero de 2013
La del metro
Él caminaba delante pero yo, distraída, lo he adelantado en cuatro escalones cuando aún ni siquiera existía un "él". Y me ha seguido, con su abrigo de Tintin, su Smartphone que miraba distraído mientras pasábamos las casi sin mirarnos, por las máquinas. Pude sentir el olor de su colonia, que, para mi tristeza, no era Hugo Boss for Man, sino algo igualmente masculino pero más misterioso. Y si hubiera tenido ojos en la espalda, le habría dicho que se quedara, allí, en mitad de unos escalones en los que no para de pasar gente. Allí, bajo un foco mal iluminado. Pero seguí mi camino, justo para llegar al andén y encontrarlo de frente, en el otro andén, mirándome. Y aquí no cabían los disimulos, ni girar la cabeza para mirar los minutos que iluminaban las pantallas. Metronoventa. Pijo. Castaño. Son de esas veces en las que el paso del tren arrebata una mirada, en las que prende una chispa diminuta en un milimétrico lugar, en un fragmento de segundo. Y quizás se lo llevó el viento con el paso de su tren. Y esta vez soy yo la que entona una absurda melodía esperando a que pase... el tiempo
domingo, 13 de enero de 2013
Him
Se sentó al borde de la cama y marcó de nuevo el número. Mientras acercaba el pulgar a la tecla de llamada, con la otra mano acariciaba suavemente el torso desnudo de la chica que yacía desnuda en su cama. Ella se giró lentamente para darle la espalda, arrastrando consigo las sábanas blancas que apenas le cubrían de cintura para abajo. Él se levantó con el teléfono en la mano para abrir una cortina y salió de la habitación.
- Hola
- Ya estabas tardando en llamarme... - le reclamó la voz del otro lado del hilo
-Si.. perdona. He estado bastante liado, al final salimos anoche, ya sabes cómo son estos, y bueno, total, he pensado que dejarme dormir un domingo tampoco sería tan grave. ¿Cómo estás?
- Esperaba que llegaras para traer el desayuno...
- Se me han complicado algo las cosas...
Se interrumpió. La chica que había dormido con él se había levantado y paseaba desnuda hacia él...
- Buenos días, rey- le susurró al oido mientras pegaba su cuerpo al de él
- Espérame en la cama- contestó, apartándose el móvil de la boca y mordiéndole el labio- voy enseguida. Ya sabes, negocios...
- Hola
- Ya estabas tardando en llamarme... - le reclamó la voz del otro lado del hilo
-Si.. perdona. He estado bastante liado, al final salimos anoche, ya sabes cómo son estos, y bueno, total, he pensado que dejarme dormir un domingo tampoco sería tan grave. ¿Cómo estás?
- Esperaba que llegaras para traer el desayuno...
- Se me han complicado algo las cosas...
Se interrumpió. La chica que había dormido con él se había levantado y paseaba desnuda hacia él...
- Buenos días, rey- le susurró al oido mientras pegaba su cuerpo al de él
- Espérame en la cama- contestó, apartándose el móvil de la boca y mordiéndole el labio- voy enseguida. Ya sabes, negocios...
sábado, 12 de enero de 2013
El lado débil de la cama
Será que siempre suenan acordes desafinados. Melodías de reencuentro, frío hasta en los huesos, Madrid sin ti. Otro tono rojo, otra cafetería, tu sonrisa frente a la mía. Sentirte tan cerca y saber que te vas, y me reflejo en el cristal de mi vaso, mientras rebotan y se hacen eco tus palabras, como una canción susurrada en el oído.
Un candado sin llave, dos historias sin miedos, huérfanos de cordura, antagonistas del silencio. Escondemos heridas que se baten en duelos, a corazón abierto.
Y entre "él" y "ella" cruzamos miradas, cómplices del mismo juego, echando globos a volar lejos, como si, por un momento, todo desapareciera en un inmenso infinito. Las palabras que desprende tu boca que narran mi historia.
Con la cucharilla pesco la espuma del poco batido que queda. Dejas el tenedor apoyado sobre el plato. Ella se va de tu cama. Quiero que vuelva, ya ni lo quiero. Tejemos los "quizás" bajo las luces, sabiendo que los desgarraremos en lo oscuro. Y ni "ella" ni "él" saben que tú y yo les pensamos, a veces, de vez en cuando en una cafetería cualquiera, en un reencuentro cualquiera, bajo las lámparas rojas, con batidos y crêpes.
Un candado sin llave, dos historias sin miedos, huérfanos de cordura, antagonistas del silencio. Escondemos heridas que se baten en duelos, a corazón abierto.
Y entre "él" y "ella" cruzamos miradas, cómplices del mismo juego, echando globos a volar lejos, como si, por un momento, todo desapareciera en un inmenso infinito. Las palabras que desprende tu boca que narran mi historia.
Con la cucharilla pesco la espuma del poco batido que queda. Dejas el tenedor apoyado sobre el plato. Ella se va de tu cama. Quiero que vuelva, ya ni lo quiero. Tejemos los "quizás" bajo las luces, sabiendo que los desgarraremos en lo oscuro. Y ni "ella" ni "él" saben que tú y yo les pensamos, a veces, de vez en cuando en una cafetería cualquiera, en un reencuentro cualquiera, bajo las lámparas rojas, con batidos y crêpes.
domingo, 6 de enero de 2013
Regalos
No hablemos de política.
Hoy las cajas de cartón colapsan las papeleras de reciclaje azul. Las sonrisas inundan calles y parques de Madrid. El frío apenas se siente porque los rayos de sol alumbran hasta los lugares más recónditos y sombríos.
Jugar. A veces nos olvidamos de la ilusión al desgarrar con furia los regalos que yacen bajo el árbol. Nos olvidamos de aquella pervertida inocencia de creer en unos seres maravillosos que desfilan por treinta ciudades españolas a la misma vez y que van a todas las casas de todos los niños españoles y, cuidadosamente, depositan los regalos en silencio a cambio de unos pocos dulces.
Soñar parece tan fácil... Construir castillos e historias, princesas insalvables, mundos de buenos y malos, curas a todo tipo de enfermedad y maleficio, felicidad tan solo al alcance de la imaginación...
Deberíamos aprender de los más pequeños...
Que el chocolate sea el antídoto
Que la risa venza obstáculos
Que los ojos no dejen de brillar, que los problemas se borren tras las lágrimas
Que los lazos vuelen, que las melenas se alboroten y se despeinen
Que lo "correcto" sea que la nata se asome a borbotones de los labios
Que se encienda una estrella, por tí, por mí...
Hoy las cajas de cartón colapsan las papeleras de reciclaje azul. Las sonrisas inundan calles y parques de Madrid. El frío apenas se siente porque los rayos de sol alumbran hasta los lugares más recónditos y sombríos.
Jugar. A veces nos olvidamos de la ilusión al desgarrar con furia los regalos que yacen bajo el árbol. Nos olvidamos de aquella pervertida inocencia de creer en unos seres maravillosos que desfilan por treinta ciudades españolas a la misma vez y que van a todas las casas de todos los niños españoles y, cuidadosamente, depositan los regalos en silencio a cambio de unos pocos dulces.
Soñar parece tan fácil... Construir castillos e historias, princesas insalvables, mundos de buenos y malos, curas a todo tipo de enfermedad y maleficio, felicidad tan solo al alcance de la imaginación...
Deberíamos aprender de los más pequeños...
Que el chocolate sea el antídoto
Que la risa venza obstáculos
Que los ojos no dejen de brillar, que los problemas se borren tras las lágrimas
Que los lazos vuelen, que las melenas se alboroten y se despeinen
Que lo "correcto" sea que la nata se asome a borbotones de los labios
Que se encienda una estrella, por tí, por mí...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


