sábado, 12 de enero de 2013

El lado débil de la cama

Será que siempre suenan acordes desafinados. Melodías de reencuentro, frío hasta en los huesos, Madrid sin ti. Otro tono rojo, otra cafetería, tu sonrisa frente a la mía. Sentirte tan cerca y saber que te vas, y me reflejo en el cristal de mi vaso, mientras rebotan y se hacen eco tus palabras, como una canción susurrada en el oído.
Un candado sin llave, dos historias sin miedos, huérfanos de cordura, antagonistas del silencio. Escondemos heridas que se baten en duelos, a corazón abierto.
Y entre "él" y "ella" cruzamos miradas, cómplices del mismo juego, echando globos a volar lejos, como si, por un momento, todo desapareciera en un inmenso infinito. Las palabras que desprende tu boca que narran mi historia.
Con la cucharilla pesco la espuma del poco batido que queda. Dejas el tenedor apoyado sobre el plato. Ella se va de tu cama. Quiero que vuelva, ya ni lo quiero. Tejemos los "quizás" bajo las luces, sabiendo que los desgarraremos en lo oscuro. Y ni "ella" ni "él" saben que tú y yo les pensamos, a veces, de vez en cuando en una cafetería cualquiera, en un reencuentro cualquiera, bajo las lámparas rojas, con batidos y crêpes.


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