Un candado sin llave, dos historias sin miedos, huérfanos de cordura, antagonistas del silencio. Escondemos heridas que se baten en duelos, a corazón abierto.
Y entre "él" y "ella" cruzamos miradas, cómplices del mismo juego, echando globos a volar lejos, como si, por un momento, todo desapareciera en un inmenso infinito. Las palabras que desprende tu boca que narran mi historia.
Con la cucharilla pesco la espuma del poco batido que queda. Dejas el tenedor apoyado sobre el plato. Ella se va de tu cama. Quiero que vuelva, ya ni lo quiero. Tejemos los "quizás" bajo las luces, sabiendo que los desgarraremos en lo oscuro. Y ni "ella" ni "él" saben que tú y yo les pensamos, a veces, de vez en cuando en una cafetería cualquiera, en un reencuentro cualquiera, bajo las lámparas rojas, con batidos y crêpes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario