Mi abuelo cumple 84 años en diciembre, y todos los años, nos dice que qué alegría y que puede que sea su último. Hace unos años que ya no se mueve con la agilidad que solía hacerlo, que ya no se da los paseos "del colesterol" para bajar las croquetas tan ricas que hace mi abuela y sus postres muy azucarados para "estar contentos", que ya no baja a la parroquia a repartir comida entre los que menos tienen.
Este último año ha tenido un par de paros cardíacos, pero está bien.
Hace una noche murió su última hermana, la pequeña, después de varios meses en estado vegetal y "recargada" por una máquina que la mantenía despierta.
Hoy está triste.
Está triste porque ya no tiene sus dientes, ni sus ojos.
Está triste porque dice que se va a morir, que ya le está llegando su hora.
Está triste porque, de pequeño, murieron varios de sus hermanos de bebés, y fueron ellos tres los que quedaron y ahora queda él solo.
Está triste porque se está viendo envejecer y le acecha el final de la vida.
Está triste porque ella murió antes que él.
Está triste porque el ataúd era de madera fea, porque la misa es solemne, porque el día es gris, porque todos están tristes.
Está triste porque envejeces para luego morir.
sábado, 28 de septiembre de 2013
miércoles, 3 de julio de 2013
Dictadura del tiempo
La luz del muñeco se volvió verde, y los números luminosos entonaban una cuenta atrás en segundos. Él se aproximó al paso de cebra silencioso, pero ante su presencia, los inquietos viandantes le abrieron hueco hasta la primera fila.
Dio su primer paso en el asfalto gris, que ardía aquel caluroso día de julio madrileño. Uno. El muñeco brillaba verde resplandeciente al otro lado, en la meta. Dos.
Años atrás, había sufrido un desafortunado accidente que dejó paralizadas sus piernas y destruida su carrera como velocista internacional. No había sido una lesión, como a la mayoría de los de su especie, que por desgaste terminan despidiéndose del deporte.
Los médicos vaticinaron que no volvería a andar, y dos años después, tras fisioterapeutas y rehabilitaciones, pudo de nuevo apoyar todo el pie sobre el suelo. Un sueño, o quizás no tanto.
Para alguien que ha corrido, pensar en empezar a andar, un aprendizaje inverso y frustrante. Cuatro- tres- dos... Apretó el paso, lo más que permitían sus limitadas posibilidades, y se vio en medio de la Gran Vía, con su muleta agarrada de la mano izquierda, la frente sudorosa, y varias líneas blancas aún por atravesar.
Pitaron, y pese a su gloriosa voluntad, sus piernas recién revividas no respondían a la velocidad que acostumbraba. Recordó tiempos mejores, en los que en menos de un segundo habría atravesado aquella calle tan concurrida, y miró al sol, al cielo, y de nuevo al asfalto. El muñeco de enfrente le miraba enfadado en rojo hasta que una chica se acercó, lo agarró de la cintura y apretaron el paso ambos a la par hasta la acera... Treinta segundos, pensó, y, volviendo la vista atrás, pensó en el tiempo, en la horrible dictadura del tiempo.
Dio su primer paso en el asfalto gris, que ardía aquel caluroso día de julio madrileño. Uno. El muñeco brillaba verde resplandeciente al otro lado, en la meta. Dos.
Años atrás, había sufrido un desafortunado accidente que dejó paralizadas sus piernas y destruida su carrera como velocista internacional. No había sido una lesión, como a la mayoría de los de su especie, que por desgaste terminan despidiéndose del deporte.
Los médicos vaticinaron que no volvería a andar, y dos años después, tras fisioterapeutas y rehabilitaciones, pudo de nuevo apoyar todo el pie sobre el suelo. Un sueño, o quizás no tanto.
Para alguien que ha corrido, pensar en empezar a andar, un aprendizaje inverso y frustrante. Cuatro- tres- dos... Apretó el paso, lo más que permitían sus limitadas posibilidades, y se vio en medio de la Gran Vía, con su muleta agarrada de la mano izquierda, la frente sudorosa, y varias líneas blancas aún por atravesar.
Pitaron, y pese a su gloriosa voluntad, sus piernas recién revividas no respondían a la velocidad que acostumbraba. Recordó tiempos mejores, en los que en menos de un segundo habría atravesado aquella calle tan concurrida, y miró al sol, al cielo, y de nuevo al asfalto. El muñeco de enfrente le miraba enfadado en rojo hasta que una chica se acercó, lo agarró de la cintura y apretaron el paso ambos a la par hasta la acera... Treinta segundos, pensó, y, volviendo la vista atrás, pensó en el tiempo, en la horrible dictadura del tiempo.
martes, 25 de junio de 2013
eterno amor
La
anciana se quedó frente al cristal. Lo miró de nuevo, y quizás por
última vez.
-
Al final me has traído hasta aquí. ¡Y qué señalada fecha,
querido, para demostrarme una vez más, lo que me amas!
Se
quitó el anillo de plata y lo manoseó entre los dedos. Tenía las
manos arrugadas, los dedos temblorosos. Lo devolvió a su dedo
anular.
-
Enrique, qué bonitos detalles me dejas. Y qué inmensos recuerdos.
Tú que siempre me pedías que me quedara a tu lado. Aquí estoy.
Ni
siquiera nos separaron los disparos de la guerra, los sudores del
parto, la democracia.
Ni
siquiera irrumpieron la lluvia, el desorden del ático, el polvo de
tus zapatos, los medicamentos en la encimera de la cocina.
Ni
siquiera el frío que se colaba en nuestra cama, la muerte de
Alfonsito…
Hizo
una pausa. Sus hijos la rodeaban, pero se mantenían al margen, en la
distancia. Derramó la primera lágrima, pero su expresión se
mantenía ilusionada.
Te
amo.
miércoles, 19 de junio de 2013
Benavente
Era una imagen simple: Plaza de Jacinto Benavente. 20:00. Mes de junio. Un aire azotaba Madrid en un verano entre nubes que copaban un cielo azul oscuro. Una pareja sentada en una terraza. Una pareja de unos ochentaytantos noventa. Dos copas de cristal rebosan helado. El aire balancea el cabello blanco corto de ella. A él se le resbalan las gafas por la esfinge de la nariz mientras se relame y busca bajo la nata más helado. Ella es menuda y la copa ocupa todas sus manos. No hablan. Pero tampoco es necesario, el aire desprende cariño, te quieros silenciosos que ocultan historias pasadas, momentos compartidos, secretos al unísono.
El tiempo se detiene, y Benavente nos recuerda que, de vez en cuando, no hace falta más que una bocanada de felicidad para mantenernos vivos.
sábado, 15 de junio de 2013
Retales
A veces, las palabras se oxidan con el paso del tiempo. Llegan tiempos de aires cálidos, de pieles rojas, de terrazas y cubos de cerveza. Y te descubres descontando minutos al tiempo entre atardeceres de noche, entre las páginas que no escribiste...
Bosques urbanos se esconden en un Retiro secreto
Un beso que no termina
Otro helado de turrón
Horas en la oficina
Rozaduras de zapatos
Madrid caluroso e incansable
La interminable Castellana
Un sol entre nubes rosas
Autobuses, metros, cercanías
Una cartera que cae al suelo
Dos manos que se entrelazan
Sus manos que sujetan mi cintura
Otra Coca Cola fría
El tic-tac de un reloj que no cesa
El tiempo
que muy a nuestro pesar no se detiene
no retrocede
no se queda.
Y rescato pequeños retales de momentos de meses en este silencio. Y pretendo no haber oxidado mis palabras en versos, mis Polaroid de momentos finitos, de recuerdos...
Bosques urbanos se esconden en un Retiro secreto
Un beso que no termina
Otro helado de turrón
Horas en la oficina
Rozaduras de zapatos
Madrid caluroso e incansable
La interminable Castellana
Un sol entre nubes rosas
Autobuses, metros, cercanías
Una cartera que cae al suelo
Dos manos que se entrelazan
Sus manos que sujetan mi cintura
Otra Coca Cola fría
El tic-tac de un reloj que no cesa
El tiempo
que muy a nuestro pesar no se detiene
no retrocede
no se queda.
Y rescato pequeños retales de momentos de meses en este silencio. Y pretendo no haber oxidado mis palabras en versos, mis Polaroid de momentos finitos, de recuerdos...
viernes, 1 de marzo de 2013
Mediterráneos
Italia dice "sí" al cambio, mientras una España desgastada y agonizante se conforma con otros casi tres años de ineficiencia de este gobierno.
Hoy, que la política se ha vuelto esa tubería turbia y llena de residuos que no logramos tragar, hoy que más razones tendríamos para decir "no" a los que nos gobiernan, hoy solo oigo gritos ahogados de silencio. Creo firmemente en la democracia, pero sobre unas bases políticas: honestidad, trabajar no por un sueldo, sino por un bienestar colectivo, para empujar a una sociedad hacia adelante y, en ese empujón, empujoncito o lanzadera, salir todos beneficiados.
El dinero que se convirtió en ladrillos no se vuelve a convertir en dinero. El dinero que se llevan "limpito" los Noos, los Bárcenas, lor Gürtel, y todos los topos que siguen (por el momento) bajo las profundidades mediáticas. Todas esas inversiones en improductividad y sin pedir resultados a cambio. Todos esos olivos arrancados.
Todo eso parece haberse perdido en un universo imaginario, un paraíso fiscal, bajo el sofá rojo de la abuela Pepi, en inversiones en nuevos pisos en primetercera línea en la costa de Marbella. Pero os diré dónde NO ha ido ese dinero.
- No ha ido a I+D+I, que es uno de los pilares que podría sacar a España de la crisis.
- No ha sido destinado a mejorar la sanidad pública, la educación pública
- No se ha convertido en aceras accesibles para minusválidos
ni en hogares para los millones de personas que viven en la calle
ni en alimentos
ni en parques.
Y os recuerdo, que Italia hace no mucho estaba igual. Igual.. de mal. No se trata de mediterráneos, de sureños, de dinero. Se trata de una mala gestión de recursos. De eso trata esta crisis. De qué hacer con el dinero, de qué hacer con el voto, y, entre que España se lamenta de su falta de cultura política, Italia destrona a Il Cavaliere...
Hoy, que la política se ha vuelto esa tubería turbia y llena de residuos que no logramos tragar, hoy que más razones tendríamos para decir "no" a los que nos gobiernan, hoy solo oigo gritos ahogados de silencio. Creo firmemente en la democracia, pero sobre unas bases políticas: honestidad, trabajar no por un sueldo, sino por un bienestar colectivo, para empujar a una sociedad hacia adelante y, en ese empujón, empujoncito o lanzadera, salir todos beneficiados.
El dinero que se convirtió en ladrillos no se vuelve a convertir en dinero. El dinero que se llevan "limpito" los Noos, los Bárcenas, lor Gürtel, y todos los topos que siguen (por el momento) bajo las profundidades mediáticas. Todas esas inversiones en improductividad y sin pedir resultados a cambio. Todos esos olivos arrancados.
Todo eso parece haberse perdido en un universo imaginario, un paraíso fiscal, bajo el sofá rojo de la abuela Pepi, en inversiones en nuevos pisos en primetercera línea en la costa de Marbella. Pero os diré dónde NO ha ido ese dinero.
- No ha ido a I+D+I, que es uno de los pilares que podría sacar a España de la crisis.
- No ha sido destinado a mejorar la sanidad pública, la educación pública
- No se ha convertido en aceras accesibles para minusválidos
ni en hogares para los millones de personas que viven en la calle
ni en alimentos
ni en parques.
Y os recuerdo, que Italia hace no mucho estaba igual. Igual.. de mal. No se trata de mediterráneos, de sureños, de dinero. Se trata de una mala gestión de recursos. De eso trata esta crisis. De qué hacer con el dinero, de qué hacer con el voto, y, entre que España se lamenta de su falta de cultura política, Italia destrona a Il Cavaliere...
martes, 26 de febrero de 2013
Sin mirar al cielo
Sonaba el estridente rugir de un violín entre Sevilla y Sol. Las temperaturas estaban de nuevo por debajo, debajo del umbral del placer de salir a la calle porque sí. Sin embargo, atardecía anaranjado entre nubes celestes, y el frío de las manos ocultas bajo unos guantes de lana olvidaba lo que calla febrero.
Ante el paso ligero de los días de frío, las notas sueltas deslizadas por las cuerdas del violín inundaban la acera. El paso de unos tacones. Alguien se detiene. Alguien pasa de largo. Alguien mira la pantalla de su Blackberry. Y Madrid transita sin mirar al cielo, sin mirarse a los ojos, sin redescubrirse, anodina, dormida, sola.
Ante el paso ligero de los días de frío, las notas sueltas deslizadas por las cuerdas del violín inundaban la acera. El paso de unos tacones. Alguien se detiene. Alguien pasa de largo. Alguien mira la pantalla de su Blackberry. Y Madrid transita sin mirar al cielo, sin mirarse a los ojos, sin redescubrirse, anodina, dormida, sola.
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