A veces, las palabras se oxidan con el paso del tiempo. Llegan tiempos de aires cálidos, de pieles rojas, de terrazas y cubos de cerveza. Y te descubres descontando minutos al tiempo entre atardeceres de noche, entre las páginas que no escribiste...
Bosques urbanos se esconden en un Retiro secreto
Un beso que no termina
Otro helado de turrón
Horas en la oficina
Rozaduras de zapatos
Madrid caluroso e incansable
La interminable Castellana
Un sol entre nubes rosas
Autobuses, metros, cercanías
Una cartera que cae al suelo
Dos manos que se entrelazan
Sus manos que sujetan mi cintura
Otra Coca Cola fría
El tic-tac de un reloj que no cesa
El tiempo
que muy a nuestro pesar no se detiene
no retrocede
no se queda.
Y rescato pequeños retales de momentos de meses en este silencio. Y pretendo no haber oxidado mis palabras en versos, mis Polaroid de momentos finitos, de recuerdos...
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