Hay un lugar donde ya no se puede llegar más lejos. Donde las olas de intenso azul Atlántico chocan con violencia contra el artificio humano de hormigón que frena su asalto. A veces sube la marea con fuerza, intensa, contra las rocas y el malecón. Otras veces llegan olas mansas, azotadas por una brisa salada que recuerda que no se puede pasar más allá.
A veces el mar nos frena los pasos. La costa escarpada se eleva abriendo cabos en la costa, negándonos el paso. El mar se enfada y el viento huracanado nos recuerda que somos nosotros, contra los elementos. Las olas se enfurecen y nos retan: "cabálgame si puedes, osado". El viento nos reta a volar cometas. La arena se desplaza y se posa en nuestra piel.
Hay un lugar en donde el azul se vuelve intenso. Donde los paisajes se cubren de un extraño tono grisáceo, donde las nubes aguardan la debilidad de un suspiro para descargar con fuerza mientras avanzan mar adentro.
Hay un lugar donde el tiempo se detiene. Aquí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario