- ¿Alguna vez has sentido como la vida, por un momento, se funde a negro? Como en esos finales de las películas clásicas, que de repente hay un corte final, un fundido a negro, un silencio, y luego suena la música y llegan los créditos.
A mi, a veces, la vida se me funde a negro, sin avisar, y parece como si fuera el final de otra película, o de la misma, que se entrecorta.
A veces se funde a negro y escucho voces inconexas de personas, que se mueven a mi alrededor, que piden auxilio, un vaso de agua, un teléfono, o simplemente auxilio.
Otras veces sólo son ecos de un dolor demasiado latente, un taladro en la sien, que no cesa, que no se cansa, todos esos sonidos inconexos de la calle, el silbido del pescadero, el murmullo de los bares, el olor a café y zumo de naranja por las mañanas.
Es una sensación extraña, porque estás y no estás. Porque tu cuerpo pesa, por la gravedad, contra el suelo, y a la vez, tu espíritu y tu mente están volando hacia otra parte, hacia un lugar diferente. Sí, sientes volar, como si parte de ti hubiera perdido la noción del peso y ascendiera sin rumbo, flotando como un globo de helio hacia el cielo azul.
A veces la vida se funde a negro y no sé cuándo y cómo voy a despertar, a volver. Y hace tiempo que aprendí a vivir en ese estado. A disfrutar cada instante de los que puedo volar.

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