El caso de "El Salobral"
El
tema se trata a modo de novela policíaca, y el autor siempre busca
posicionarse desde el punto de vista del asesino. El caso de El
Salobral
contiene cantidad de elementos de los que sacaría muy buen provecho
Truman Capote: una relación ilegítima de enorme diferencia de edad,
una menor de por medio, un francotirador, un pequeño pueblo rural de
Castilla...
No
existe justificación alguna para un asesinato.
Nunca la hay: ni un móvil, ni un “crimen pasional”(“Mi hijo
estaba loco de amor por Almudena". (El
Mundo,
24/10/12)) en términos franquistas, ni sirve pedir perdón luego,
que parece ser la moda recientemente en España. Sin embargo, el
tratamiento mediático que se hace de este tipo de crímenes siempre
nos posiciona, aunque seamos inconscientes de ello, desde el ángulo
del hombre que, por cierto, siempre termina suicidándose. Los
medios son machistas. Y esto es
un hecho desde el momento en el que se describe al asesino: “Es un
hombre
cazador,
con licencia de armas, y estaría fuertemente armado”
(22/10/12, ABC),
“El presunto asesino, de 39 años, que iba armado con un fusil y
una pistola y era un excelente tirador” (El
País 22/10/12). Son
datos al fin y al cabo, irrelevantes. No necesitamos un perfil
psicológico del asesino, porque eso conlleva una justificación. No
se trata de buscar una explicación, de clasificarlo como
“perturbado” y dejar pasar el tiempo hasta que, de nuevo, otro
“perturbado” vuelva a asesinar a su pareja o expareja, y entonces
volvamos a indagar en si la vida de ese señor era o no era plena y
en si esa mañana había desayunado Corn Flakes de marca blanca con
leche entera o semidesnatada. Eso lo hace la ficción, y ésto, ésto
es una realidad demasiado grande como para banalizar acerca de ella.
Este
último crimen, por sus características determinadas, ha permitido
aún más construcción morbosa de la historia. El hecho de que
ocurriera en un ámbito rural
le confiere una determinada categoría. Se trata de un ámbito
cercano, en el que las familias y convecinos se conocen, y en el que
un asesinato se torna tragedia. Varios medios hablan de “la
psicosis de la gente”, describen al asesino por cómo se le conocía
en El Salobral
(“El Fraguel”), farfullan sus opiniones acerca de él, de la
chica, de la familia, de la relación entre ambos... Aportan todo
dato y conjetura que puedan considerar relevante...“Alfaro
sembró el pánico en el pueblo”. ¿Qué mejor manera de pasar la
semana tendría este pueblo de Castilla que con el alboroto constante
de policías- El Mundo
nos recuerda que “más de medio centenar de vecinos se agolpan en
la zona para seguir la operación policial”- y medios de
comunicación? Los medios hacen que este pueblo exista en el
imaginario colectivo.
Otra
característica vital en este relato es las condiciones de la
relación amorosa: la
diferencia de edad es el principal handicap, al que se une que ella
(la “niña”) era menor (aunque muy desarrollada) y gótica.
Demasiados elementos jugosos para que el drama sea un espectáculo
que oculta el principal problema: el asesinato de este tipo se
produce porque el agresor, en un momento dado, llega a creer que la
mujer es una posesión: “Para entonces el mecánico de El Salobral
ya la consideraba como una posesión, según explican algunos
vecinos, que ven en ello la explicación de los acontecimientos. “
(23/10/12, ABC). Entonces descubrimos que en El
Salobral,
la gente cuchicheaba por las esquinas acerca de la pareja, que la
familia, desestructurada (¿cómo no?), no aceptaba la relación
entre ambos aunque existiera el consentimiento de la víctima. ¿Dónde
están los culpables? Se
preguntan los medios. ¿Fue una negligencia de “El Fraguel”? ¿Una
irresponsabilidad de los padres? ¿Una historia cargada de morbo? ¿La
niña era provocadora y desafiante?
Este
tema, sin embargo, ha desembarcado en otro que sí puede resultar muy
interesante: la edad de consentimiento en España. “La edad de
consentimiento sexual en España es
la más baja de Europa.
En Alemania y Portugal está en los 14 años, en Francia se sitúa en
los 15 y en Reino Unido en los 16” (23/10/12, ABC). Indagar
es el primer paso para tomar acciones que frenen el problema en un
futuro.
Las claves en casos como éste radican más en alertar de una
situación que en narrarla “como una historia”- no nos importa si
“la noche de los dos asesinatos era oscura y llovía a mares” (El
País,
22/10/12) - con profundización psicológica en los protagonistas (la
joven de 13 años era gótica e incomprendida por sus compañeros de
instituto). La labor de los medios debería orientarse a la
concienciación para evitar que se produjeran más casos de violencia
de género. Ya está presente en el imaginario colectivo el esquema
asesinato- suicidio y el número de atención a las víctimas. En
este tipo de casos no basta con informar, ni el tratamiento adecuado
es convertir los hechos en un caso para que Grissom (CSI) lo resuelva
en el próximo capítulo. La responsabilidad social, la labor de
servicio para el ciudadano que deberían ejercer los medios es de
educar, concienciar
y alertar.
En muchos casos ni siquiera se respeta la intimidad del funeral de
las familias, y se cuela un micro buscando un total en el que los
familiares narren trapos sucios, sentimientos complejos, anécdotas
irrelevantes. Se ha perdido esa condena de intolerancia ante un
asesinato convirtiéndolo en banal (sección de Sociedad),
la psicología barata pervierte al espectador que quiere saber más
acerca del asesino, en vez de ensombrecer su figura hasta
avergonzarlo.
En
este sentido la publicidad
está a años luz del periodismo. Durante los años 2004-2011, el
Ministerio de Igualdad del Gobierno del PSOE lanzó una serie de
campañas (aglutinadas bajo el título “Ante el maltratador,
tolerancia cero”) cuya principal función era solucionar el
problema que mostraban los medios: “ésta es la vigésimo primera
víctima de violencia de género a manos de su expareja en lo que
llevamos de año”. El periodismo lo deja ahí y es donde retoma la
labor la publicidad. La pasividad ante los hechos se vence con una
publicidad que insta a la acción: “Mamá, actúa” o “conozco
mis derechos, no se te ocurra levantarme la mano” decían anuncios
del Ministerio de Igualdad en 2009. Asimismo, otros importantes
agentes mediáticos como pueden ser cantantes (Bebe, Alejandro Sanz,
Leona Lewis, Pink...) aprovechan su tirón mediático para lanzar un
mensaje y animar a las mujeres a romper con el silencio y denunciar a
sus parejas.
No es que en los últimos años hayan aumentado las víctimas, es que
ahora tienen visibilidad. Aún existe mucha resistencia, demasiado
miedo a ser la próxima noticia, a desaparecer tras realizar esa
llamada. Los Telediarios no reconfortan, sino que siembran el caos.
Los futuros asesinos se identifican con “ese hombre popular” que
sale en televisión. El impacto se alivia. Desde luego no es la
manera de avanzar en soluciones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario