viernes, 2 de noviembre de 2012

Asesinos

Ese maldito miedo que tienen los medios a llamar las cosas por su nombre.

El caso de "El Salobral"
El tema se trata a modo de novela policíaca, y el autor siempre busca posicionarse desde el punto de vista del asesino. El caso de El Salobral contiene cantidad de elementos de los que sacaría muy buen provecho Truman Capote: una relación ilegítima de enorme diferencia de edad, una menor de por medio, un francotirador, un pequeño pueblo rural de Castilla...
No existe justificación alguna para un asesinato. Nunca la hay: ni un móvil, ni un “crimen pasional”(“Mi hijo estaba loco de amor por Almudena". (El Mundo, 24/10/12)) en términos franquistas, ni sirve pedir perdón luego, que parece ser la moda recientemente en España. Sin embargo, el tratamiento mediático que se hace de este tipo de crímenes siempre nos posiciona, aunque seamos inconscientes de ello, desde el ángulo del hombre que, por cierto, siempre termina suicidándose. Los medios son machistas. Y esto es un hecho desde el momento en el que se describe al asesino: “Es un hombre cazador, con licencia de armas, y estaría fuertemente armado (22/10/12, ABC), “El presunto asesino, de 39 años, que iba armado con un fusil y una pistola y era un excelente tirador” (El País 22/10/12). Son datos al fin y al cabo, irrelevantes. No necesitamos un perfil psicológico del asesino, porque eso conlleva una justificación. No se trata de buscar una explicación, de clasificarlo como “perturbado” y dejar pasar el tiempo hasta que, de nuevo, otro “perturbado” vuelva a asesinar a su pareja o expareja, y entonces volvamos a indagar en si la vida de ese señor era o no era plena y en si esa mañana había desayunado Corn Flakes de marca blanca con leche entera o semidesnatada. Eso lo hace la ficción, y ésto, ésto es una realidad demasiado grande como para banalizar acerca de ella.
Este último crimen, por sus características determinadas, ha permitido aún más construcción morbosa de la historia. El hecho de que ocurriera en un ámbito rural le confiere una determinada categoría. Se trata de un ámbito cercano, en el que las familias y convecinos se conocen, y en el que un asesinato se torna tragedia. Varios medios hablan de “la psicosis de la gente”, describen al asesino por cómo se le conocía en El Salobral (“El Fraguel”), farfullan sus opiniones acerca de él, de la chica, de la familia, de la relación entre ambos... Aportan todo dato y conjetura que puedan considerar relevante...“Alfaro sembró el pánico en el pueblo”. ¿Qué mejor manera de pasar la semana tendría este pueblo de Castilla que con el alboroto constante de policías- El Mundo nos recuerda que “más de medio centenar de vecinos se agolpan en la zona para seguir la operación policial”- y medios de comunicación? Los medios hacen que este pueblo exista en el imaginario colectivo.
Otra característica vital en este relato es las condiciones de la relación amorosa: la diferencia de edad es el principal handicap, al que se une que ella (la “niña”) era menor (aunque muy desarrollada) y gótica. Demasiados elementos jugosos para que el drama sea un espectáculo que oculta el principal problema: el asesinato de este tipo se produce porque el agresor, en un momento dado, llega a creer que la mujer es una posesión: “Para entonces el mecánico de El Salobral ya la consideraba como una posesión, según explican algunos vecinos, que ven en ello la explicación de los acontecimientos. “ (23/10/12, ABC). Entonces descubrimos que en El Salobral, la gente cuchicheaba por las esquinas acerca de la pareja, que la familia, desestructurada (¿cómo no?), no aceptaba la relación entre ambos aunque existiera el consentimiento de la víctima. ¿Dónde están los culpables? Se preguntan los medios. ¿Fue una negligencia de “El Fraguel”? ¿Una irresponsabilidad de los padres? ¿Una historia cargada de morbo? ¿La niña era provocadora y desafiante?
Este tema, sin embargo, ha desembarcado en otro que sí puede resultar muy interesante: la edad de consentimiento en España. “La edad de consentimiento sexual en España es la más baja de Europa. En Alemania y Portugal está en los 14 años, en Francia se sitúa en los 15 y en Reino Unido en los 16” (23/10/12, ABC). Indagar es el primer paso para tomar acciones que frenen el problema en un futuro. Las claves en casos como éste radican más en alertar de una situación que en narrarla “como una historia”- no nos importa si “la noche de los dos asesinatos era oscura y llovía a mares” (El País, 22/10/12) - con profundización psicológica en los protagonistas (la joven de 13 años era gótica e incomprendida por sus compañeros de instituto). La labor de los medios debería orientarse a la concienciación para evitar que se produjeran más casos de violencia de género. Ya está presente en el imaginario colectivo el esquema asesinato- suicidio y el número de atención a las víctimas. En este tipo de casos no basta con informar, ni el tratamiento adecuado es convertir los hechos en un caso para que Grissom (CSI) lo resuelva en el próximo capítulo. La responsabilidad social, la labor de servicio para el ciudadano que deberían ejercer los medios es de educar, concienciar y alertar. En muchos casos ni siquiera se respeta la intimidad del funeral de las familias, y se cuela un micro buscando un total en el que los familiares narren trapos sucios, sentimientos complejos, anécdotas irrelevantes. Se ha perdido esa condena de intolerancia ante un asesinato convirtiéndolo en banal (sección de Sociedad), la psicología barata pervierte al espectador que quiere saber más acerca del asesino, en vez de ensombrecer su figura hasta avergonzarlo.
En este sentido la publicidad está a años luz del periodismo. Durante los años 2004-2011, el Ministerio de Igualdad del Gobierno del PSOE lanzó una serie de campañas (aglutinadas bajo el título “Ante el maltratador, tolerancia cero”) cuya principal función era solucionar el problema que mostraban los medios: “ésta es la vigésimo primera víctima de violencia de género a manos de su expareja en lo que llevamos de año”. El periodismo lo deja ahí y es donde retoma la labor la publicidad. La pasividad ante los hechos se vence con una publicidad que insta a la acción: “Mamá, actúa” o “conozco mis derechos, no se te ocurra levantarme la mano” decían anuncios del Ministerio de Igualdad en 2009. Asimismo, otros importantes agentes mediáticos como pueden ser cantantes (Bebe, Alejandro Sanz, Leona Lewis, Pink...) aprovechan su tirón mediático para lanzar un mensaje y animar a las mujeres a romper con el silencio y denunciar a sus parejas.
No es que en los últimos años hayan aumentado las víctimas, es que ahora tienen visibilidad. Aún existe mucha resistencia, demasiado miedo a ser la próxima noticia, a desaparecer tras realizar esa llamada. Los Telediarios no reconfortan, sino que siembran el caos. Los futuros asesinos se identifican con “ese hombre popular” que sale en televisión. El impacto se alivia. Desde luego no es la manera de avanzar en soluciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario