sábado, 13 de octubre de 2012

Valores y colores (12/10/12)

Hoy la bandera rojigualda ondea con un ímpetu especial. La sobriedad impregna las calles de Madrid: el paso firme, el uniforme abotonado, las nubes que acechan la Plaza de Colón. Pero hoy, día de la Hispanidad, nadie se alza en gritos de “yo soy español, español, español”, nadie cuelga la bandera de España de su balcón, nadie se hace “pinturas de guerra” en las mejillas, nadie se besa mientras zarandea una botella de cerveza. El día de hoy, en el imaginario colectivo, apenas puede equipararse al día que España ganó la Eurocopa por primera vez, o el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, o la última Eurocopa el pasado verano, que eclipsó la crisis, los problemas económicos y casi casi fue la responsable de la bajada de la prima de riesgo. Ese sentimiento de unidad nacional que brilló con luz propia en las manos de Íker Casillas se ha perdido entre crisis y autonomías, entre déficit y autodeterminación, entre ambiciones y gobiernos.
La aparente unión que manifestaba el Equipo Nacional de fútbol se desquebraja cuando hablamos de la Liga Española. En un contexto de tensiones políticas en el que Cataluña y España discuten y dialogan, se hacen faltas y se relacionan entre tarjetas amarillas y rojas, el Madrid vs. Barça se convierte en metáfora del conflicto. El enfrentamiento en el campo no simboliza ni más ni menos que la lucha por el dominio del poder, un pulso histórico, una batalla que siempre concluye inacabada
El último “Clásico” (7/10/12), se desarrolló en un clima de tensión mucho mayor que los anteriores. Las manifestaciones del pasado 11 de septiembre, Día de la Diada, prendieron una mecha que incendiaba el silencio de un letargo. Para cuando los jugadores pisaron el césped, el conflicto ya estaba gestado. Un Pep Guardiola que se suma a la Diada desde Nueva York, un sentimiento que se intensifica con el calor del Camp Nou y uno de los mayores fenómenos sociales de masas son el cóctel perfecto para una “velada inolvidable”.
Aquellos gritos independentistas nos devolvieron por un momento al circo romano al que nos tienen acostumbrados los partidos de fútbol. La diferencia en esta ocasión era tan solo la motivación y las gradas, que estaban organizadas formando la senyera. Los gladiadores se limitaron a dar su espectáculo en el césped, mientras que el “otro” espectáculo se desarrollaba en las gradas. Este mediático encuentro propició una manifestación más, una clara alusión al catalanismo, una manera más de “reiterarle a(l) Madrid y a España” una identidad bien arraigada. "Lo ocurrido en el estadio catalán fue una utilización del fútbol para intereses políticos", ha señalado Basagoiti.
Y tampoco ha sido la primera vez que ésto ocurre. El FCB se ha posicionado tradicionalmente en contra de la derecha y un acontecimiento de este tipo ya tuvo lugar el centenario pasado: el Camp Nou albergó una manifestación contra la dictadura de Primo de Rivera en 1925.
Game over?
Aunque el partido se cerró con el toque de silbato y un ajustado empate digno de duelo de titanes, la lucha se perpetua más allá del verde. El Ministro de Exteriores, Margallo, acusa a los gritos independentistas en el Camp Nou de atentar contra la acuñada “marca España”, ya que la Liga de Fútbol Española se coloca en el punto de mira internacional y la imagen de “fragmentación” resulta perjudicial para nuestra economía. Y mientras los jugadores de ambos equipos aúnan fuerzas al reunirse bajo La Roja, el conflicto se reaviva con las declaraciones del Ministro de Educación Wert (10/10/12) y su intención de “españolizar” la educación en Cataluña, casualmente el mismo día que el Reino Unido saca a referendum la independencia de Escocia. Un día de divisiones, sin duda.
Pero al contrario que en el fútbol, en la política no parece muy viable la conciliación bajo unos mismos colores. O al menos por ahora. La campaña del Ministerio de Defensa para el 12 de octubre llama a la unión: “el día de la fiesta nacional somos todos”, “la unión hace la fuerza y juntos vamos a llegar muy lejos”. Pero más allá de los colores se hallan los valores que subyacen. Y como en el fútbol, la rivalidad histórica aún tiene pendiente saldar sus cuentas.
"Nationalism is power hunger tempered by self-deception." George Orwell
 

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