Hay barrios que desprenden un olor especial. Un olor a diferente, a extravagante, a libertad. Hay barrios que nunca duermen. Que encienden la radio para disimular el murmullo del ir y venir constante de viandantes. Que observan cómo desgarran la piel de tatuajes. Que brindan con vino español. Tienen su plaza, emblema de la nostalgia de una alternativa mejor. Sus bares, sus crêpes, sus todo homemade. Sus tiendas vintage (o viejo), sus joyas coquetas, sus vestidos alegres de volantes, sus zapatos de infierno.
Hay barrios que generan esta atmósfera de sueño ajeno, de voyeur en un mundo de otros, de gente alegre, de copas de vino manchadas de carmín rojo. Y nunca quiero dar un paso hacia atrás.
http://www.youtube.com/watch?v=VDhd_y6uTig
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