viernes, 2 de marzo de 2018

Copenhague, enero 2018



El parque de atracciones del Tivoli proyecta luces de colores sobre la oscuridad de una noche cerrada que se engulle la tarde. Demasiado pronto.

Nos arrolla un río de bicicletas que pedalea raudo contra los copos de nieve que empiezan a caer contra la oscuridad.

La luz de una cafetería, discreta, nos acoge para deleitarnos con la explosión de sabores de una bomba rellena de crema, fastelavnsboller. El reconfortante calor de un café humeante en una silla alta y la decoración nórdica nos arropan mientras nieva, a ratos.

Buscando la sirenita, nuestros pasos dibujan una estrella, Kastelet, un paseo por prados en altura, el aire frío desde el mar azotándonos la cara y al horizonte un océano carbón, enmarcado por las siluetas de molinos eólicos.

En una realidad paralela, Cristiania trae reminiscencias de un pasado hippie. Huele a porro, a yerbas, a pote. Hay ojos, ojos que acechan cualquier móvil o cámara. Risas. Ecos. Suelos de barro.

Y entre el frío, una cena en una habitación de un apartamento en Norrebro, y todo ese frío se torna calidez. Pan negro, nombres impronunciables, alimentación Bio. Y ella ríe, ríe y mira, mientras los copos de nieve se estampan contra el cristal.



martes, 27 de febrero de 2018

Oporto, octubre 2016


Porto sabe a pasteis de nata,
A dos copas de vino pausadas
en la barra de una bodega
Cada sorbo
encapsula silencio,
un beso suave,
artesanía, madera y hierro. 
Porto se mece al son de una barca
mientras la oscuridad y la historia
se suceden como sombras bajo puentes,
se adivinan en las cuestas adoquinadas,
se esconden en las calles estrechas, angostas, apagadas.

Porto emana una particular luz
Que parece dar paso a un nuevo tiempo.
Una luz que tiñe de tonalidades grisáceas, azules y ocres
sus calles,
los cristales de su mercado,
su estación de tren.

Hoy parece que la decadencia
Deja paso a la modernidad,
Que la oscuridad, dio paso a la luz.



viernes, 24 de marzo de 2017

De retorno de ningún lugar


Había anochecido, y apenas se intuía la danza de una brisa suave, acompasando el vaivén calmado, los movimientos sedosos de las olas del mar.
Acompañaban el movimiento el silencio y la oscuridad, la inmensidad del cielo en noche cerrada.
Su cuerpo había dejado de pesar. Flotaba mar adentro, perdiendo la noción de las estrellas que alumbraban al horizonte, balanceándose sobre el agua y fundiéndose, perdiendo la noción misma de existir.



Pequeñas confesiones

Hace días que intuyo tu cuerpo en la cama
la ausencia
de tener que dibujar cada milímetro de tu cuerpo de memoria,
para revisitarte.

Porque han sido ya muchos días memorizando cada lunar en tu espalda
la forma de tus manos
tus ojos
tu sonrisa perfecta
la silueta firme de cada rincón de tu cuerpo.

Porque me encanta despertarme y mirarte  mientras duermes
que los rayos de luz se cuelen en la habitación inundándola

Y quedarme dormida
con la mejor banda sonora
el latido de tu corazón.


lunes, 9 de mayo de 2016

Relojes lentos

Que el paso del tiempo se mida
por la ausencia de tus latidos en mi colchón
el sonido de la cerradura caída la tarde
el calor de tu cuerpo pegado al mío al dormir.

Que el paso del tiempo se desvanezca
en este "no tiempo",
el silencio de las mañanas
tu olor en la almohada.

Y con estos relojes lentos
me fundo en este limbo
en las horas eternas
esperando
tu cuerpo.


sábado, 7 de mayo de 2016

Abril

Abril se antojaba como una sucesión de puntos en el mapa. Una red personal de carreteras que recorreríamos, con nuestra conversación de fondo, por el sur y el norte de la geografía española.
El sueño de viajar.
El sonido monótono de carreteras de banda sonora, bajo nuestras palabras incesantes. Sol y lluvia. Cielos diversos.
Poco a poco me voy conviertiendo en coleccionista de recuerdos. Apenas unas polaroid de memorias que bien retraten lo que ha sido este abril:
Dos copas de champagne ancladas en una calita semidesierta, arena oscura, cielo despejado, bañador.
El sol de mediodía en las tumbonas, una infinity pool, y en el horizonte, infinito atlántico. TÚ.
El viento del Teide despeinándome los rizos
El sabor del mojo picón y el café de luego, preparado "al gusto" para tumbarnos al sol.
Agarrarme fuerte a tu torso y "despegar" en la moto. A veces para comer fuera solos. A veces para escapar juntos, a casa, o a ningún lugar.
Dos copas "globo" de vino. El aire fresco de Navarra. Pintxo de tortilla para la señorita vegetariana.
Bilbao gris, la zona industrial vista bajo el río. La lluvia desagradable que no se agita con los pasos de unas zapatillas que se resisten a rendirse. Felices reencuentros.
Tu sonrisa perfecta
Tu manera de enredar en la cama esperando una lluvia de besos que te despierte
La luz de una vela que se resiste a extinguirse, como abril, que no quería dejar pasar al resto de hojas del cuento.





jueves, 24 de marzo de 2016

El beso que lo cambió todo

Recuerdo el beso que lo cambió todo. 
Subíamos por Lavapiés, y la tarde empezaba a caer. 19h. La luz tenue de principios de marzo se fundía entre los edificios, y caminábamos cuesta arriba. Recuerdo tu presencia en mi espalda como un guardián, tu cuerpo acercarse sigiloso al mío, tus manos buscando mi cintura. 
Pasó algo. Una ráfaga de viento del sur que revoloteó las mariposas de mi estómago. Tu presencia cerca. 
Recuerdo el beso que lo cambió todo.
Me acompañaste a mi portal, entre el mercado y el ajetreo de gente joven que transita Antón Martín. Entre la inquietud del caer de la noche y la llegada a tierra firme. Y me besaste. 
Me besaste como si no existiera otro beso, ni otro momento mejor, ni otro lugar, ni otra vida. Me besaste devorándome. 
Y yo sentí de nuevo ese revoloteo. Ya sabes, esas mariposas tontas que no saben que los nervios transitan ajenos. Ese silencio. Esas sonrisas cómplices que lo empezaron todo. Esas miradas, furtivas, deseadas, anhelando que pase el día, que llegue el momento. 
Recuerdo el beso que lo cambió todo y me desgarró mis esquemas, mis sujetadores en tono pastel. Mis 'no quiero querer', mis inseguridades, mi falta de compromiso. 
Y ya no sé si vuelan o volamos libres, las mariposas de la tripa, tú y yo. 

Mr. Marzo