He titulado este texto 'Mi mochila' porque es una de esas experiencias vitales que siempre parece que no ocurren hasta que nos tocan en primera persona. Es mi mochila porque es algo con lo que voy a vivir durante mucho tiempo. La conciencia de un acontecimiento que lo cambia todo, que permanece como una cicatriz...
Esta vez el fundido a negro fue algo más.
Sentí todo aquello que había sentido otras veces- la debilidad, la falta de fuerzas, la ligereza del peso de mi cuerpo, la flaqueza de las piernas, el desmayo inevitable. Y sin embargo, esta no fue como aquellas otras veces. Pasaron dos y tres segundos, y mi cuerpo era incapaz de responder. Oía voces, el revuelo a mi alrededor, pero no sentía mi cuerpo, como si estuviera allí y no estuviera. Los ecos y murmullos reverberaban en una sala que era incapaz de ver, reconocer o incluso sentir.
Me repetía mentalmente que seguro que pronto iba a despertar, que todo iba a salir bien. Y procuraba respirar. Respirar hondo como nos enseñan que hagamos para relajarnos en momentos de pánico. Pero no era capaz de despertarme...
La reconstrucción de esta historia, desde fuera, es que perdí la conciencia y me desmayé. Los enfermeros me trasladaron a una camilla y perdí el pulso, perdí los signos vitales, tenía la tensión demasiado baja para ser baja. Y no eran capaces de reanimarme. Una deshidratación severa. Vómitos que no cesaban hasta la inconsciencia.
Fundido a negro. No sé cuánto tiempo estuve así, pero al menos fueron bastantes minutos. Tampoco recuerdo cómo lo hice. Sólo que en algún momento pensé que igual, quizás, podría no despertar. Y no pensé en el coma, como más tarde me explicaron que sería uno de los posibles estados ante un organismo incapaz de reavivarse. Pensé que quizás, me fundiría a negro para siempre. Y no sentí angustia. Por unos instantes pensé en esa transición hacia la muerte. Pensé que me encontraba en ese limbo de no vida y que quizás, flotaría hasta morir. No sé en qué momento abrí los ojos. Y recuerdo que vi esa luz, todo tan simbólico, y enseguida sentí el pinchazo agudo de las agujas quebrando mis venas sin éxito. Sin éxito una y otra vez. Podía sentir el suero resbalar por mi brazo. Las venas repeliendo. El sonido de la ambulancia para el hospital. El miedo. La conciencia de que a cualquiera de nosotros puede tocarnos... Ese fundido a negro.
Esta vez el fundido a negro fue algo más.
Sentí todo aquello que había sentido otras veces- la debilidad, la falta de fuerzas, la ligereza del peso de mi cuerpo, la flaqueza de las piernas, el desmayo inevitable. Y sin embargo, esta no fue como aquellas otras veces. Pasaron dos y tres segundos, y mi cuerpo era incapaz de responder. Oía voces, el revuelo a mi alrededor, pero no sentía mi cuerpo, como si estuviera allí y no estuviera. Los ecos y murmullos reverberaban en una sala que era incapaz de ver, reconocer o incluso sentir.
Me repetía mentalmente que seguro que pronto iba a despertar, que todo iba a salir bien. Y procuraba respirar. Respirar hondo como nos enseñan que hagamos para relajarnos en momentos de pánico. Pero no era capaz de despertarme...
La reconstrucción de esta historia, desde fuera, es que perdí la conciencia y me desmayé. Los enfermeros me trasladaron a una camilla y perdí el pulso, perdí los signos vitales, tenía la tensión demasiado baja para ser baja. Y no eran capaces de reanimarme. Una deshidratación severa. Vómitos que no cesaban hasta la inconsciencia.
Fundido a negro. No sé cuánto tiempo estuve así, pero al menos fueron bastantes minutos. Tampoco recuerdo cómo lo hice. Sólo que en algún momento pensé que igual, quizás, podría no despertar. Y no pensé en el coma, como más tarde me explicaron que sería uno de los posibles estados ante un organismo incapaz de reavivarse. Pensé que quizás, me fundiría a negro para siempre. Y no sentí angustia. Por unos instantes pensé en esa transición hacia la muerte. Pensé que me encontraba en ese limbo de no vida y que quizás, flotaría hasta morir. No sé en qué momento abrí los ojos. Y recuerdo que vi esa luz, todo tan simbólico, y enseguida sentí el pinchazo agudo de las agujas quebrando mis venas sin éxito. Sin éxito una y otra vez. Podía sentir el suero resbalar por mi brazo. Las venas repeliendo. El sonido de la ambulancia para el hospital. El miedo. La conciencia de que a cualquiera de nosotros puede tocarnos... Ese fundido a negro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario