Imagina un andén medio lleno, el frío de una mañana de diciembre sin nieve, con el aire que se cuela entre las paredes de la estación.
Imagina ahora que no es Navidad, y que nadie viaja a casa, e imagina, sólo imagina, que no vas ese día a trabajar. Que eliges un tren al azar, sin su destino, y te subes, polizón, para emprender viaje.
¿Cómo sería ese día?
No llegarías a tu oficina tediosa, ni te tomarías otro café amargo, ni te sentarías frente al mismo ordenador.
Viajarías.
Por los desérticos campos de Castilla.
Rumbo al sur, al norte, a cualquier parte, lejos de aquí...
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