Puede que el deseo de todo hombre sea entender a un mujer.
O puede, quizás, que solo quieran escuchar uno de esos orgasmos como el de "Cuando Harry conoció a Sally": una y otra vez, aunque todo sea mentira.
Puede que en el fondo todos temamos algo: la soledad. Ese maldito "tiempo para nosotros" que encierra todas las veces que no dijimos "lo siento".
Atardecía el Templo de Debod, y mientras nosotros andábamos risueños, a ellos los iluminaban los rayos de sol del fin de otro día juntos. A veces la vida es así de simple: basta con un banco, la hermosa luz de una tarde de domingo de mayo y dos manos que no se separan para completar óleos en los que fuimos felices.
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