Te duelen los manos, te pesan los pies, ya ni te sostiene el alma.
Hoy es uno de esos días en los que las lágrimas eclipsan cielo y estrellas
en los que gritas en silencio
en los que te planteas tener suficiente valor para contener la respiración
para ahogarte entre olas profundas y no salir jamás
para detener el tiempo en un salto al vacío.
Tampoco creo que merezca la pena vivir
con miedo
sin sueños
cohibida
rara
triste
monótona.
Mejor morir así, un poquito cada día
mientras a nadie le importa si llegaste a tiempo
o si la camiseta era rosa
o si reías en aquel semáforo junto a aquel chico
o si la salsa era demasiado espesa.
Y entre tanta oscuridad me miras
y me dices que cómo puedo pensar esas cosas.
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