Arrastró sus mocasines hasta el banco más próximo. Había perdido el vuelo. La maleta Louis Vuitton se arrastraba silenciosa tras ella, llena hasta su máxima capacidad. Se sentó. Se sentó y colocó sus piernas delgadas sobre la maleta. De su bolso alcanzó el IPhone. Millones de actualizaciones. Whataspps.
Respiró. Las luces del aeropuerto la agobiaban. Iluminaciones fuertes. Las tiendas multicolor de chocolate Cadbury's. Otra vez. Otra vez otro aeropuerto.
Se aburría breves instantes observándose las uñas, perfectamente lacadas en glitter. Se aburría manoseando el pintalabios que llevaba en el bolso. Se aburría con el libro que le había puesto James en el bolso: "First Sight".
Sonó el teléfono. Era la ayudante de su agente. Seguramente para recordarle que había perdido el vuelo.
- Reina, no me contestabas al Whatsapp. No quería molestarte. ¿Qué ha pasado?
- I missed it, darling. No fue mi culpa.
Al otro lado de la línea. La chica empezó a ponerse nerviosa. Eran las 7 de la tarde y había perdido el vuelo. Contuvo el aliento. Oía el ajetreo del aeropuerto. ¿Cómo había podido perderlo? Le habían puesto un taxi de una prestigiosa compañía británica en la puerta de su casa. El taxista incluso la había llamado. Lo había cogido.
"Tienes que llegar. Tienes que llegar." se decía a sí misma, nerviosa.
Agarró un bote de pastillas que tenía en la mesa. Cogió un chicle.
-Darling. Hay más vuelos, ¿no? ¿Puedo volar?
- Voy a consultarlo. Vuelvo a llamarte.
- Vale, querida. ¿Me espera un taxi en la puerta? Estoy cansada, tengo que volver a casa.
- Te llamo- fue lo único que pudo decir.
Colgó el teléfono y salió del despacho al baño. Se echó agua fría sobre la cara. Había perdido el vuelo. Había pedido el segundo vuelo del día. Tendría que llamar a la agencia de viajes. Se iban a reír de ella. ¿Habría otro vuelo? ¿Cómo que iba a irse a casa? ¡Tenía que coger el siguiente vuelo y llegar como fuera a Barcelona!
Colgó el teléfono y arrastró su maleta por la zona de tiendas, ajena a lo que acababa de ocurrir. Llamó a James, a unos 25km del aeropuerto.
Volvió a marcar el número. Comunicaba. Comunicaba. Empezó a agobiarse. Eran las 7.30 de la tarde y la agencia de viajes le había conseguido un vuelo para las 8, sin escala, en business. Solo tenía que acercarse a la puerta de embarque....
- Dime, querida.
- He conseguido tu vuelo. Tienes que ir a la puerta 23D. Te voy a pasar el billete por mail. Está todo solucionado.
- ¡Oh!
- ¿Está bien? Solo tienes que acercarte a la puerta de embarque, está en ese aeropuerto...
-La cena, querida. La comida en business is ever so disgusting.
Al otro lado de la línea, Gemma estaba atónita. Estaba sola en la oficina. Su jefa había salido ya, acompañando a otra clienta a un evento.
- Send me a catering, would you? Sushi, whatever.
- Pero...¡es imposible! ¡Tu vuelo sale en apenas 20 minutos!
- No puedo no cenar. ¿Lo entiendes? A veces no sé por qué te resulta tan difícil hacer este trabajo.- Gemma se mordió el labio inferior. Tenía ganas de golpear un saco.- La cena del avión no es una posibilidad. Hagamos una cosa. Cenaré en el hotel. ¿Podrás organizar eso? Nothing ever so fancy. Solo una cena estaría bien: jamón serrano y champán. Organízalo. ¡Oh! Estoy agotada, querida. Voy a colgarte. ¿Qué puerta dijiste?
Y arrastró su pequeña y silenciosa maleta por el suelo interminable del aeropuerto hasta la puerta 23D.
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