Tengo la ventana abierta a la primavera, que hace dos semanas que ha llegado a Madrid. Primavera que se funde de verano, y sus casi treinta grados de mediados de abril.
Suena el murmullo cercano de las terrazas en Santa Isabel. Risas distraídas, conversaciones ilegibles, ruido. Ha llegado la primavera, y el sol también se cuela por la ventana, abierta, hasta la noche.
No estás. Y el murmullo se transforma en silencio aquí. La ventana y la terraza hacia el mundo. Una ligera brisa. Y me retuerzo entre estas cuatro paredes, el canto de un pájaro, la luz rosa de este atardecer.
Madrid despierta, y se cuela entre las cortinas blancas, entre el ajetreo del metro, entre las cervezas de lata y fotógrafos aficionados. Este Madrid, el de las gentes que salen a las terrazas,el de la luz de una tardía primavera,el de la liga de fútbol y, los conos de helado, el del Retiro con olor a crema solar en pleno abril.
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