Las farolas aún no se apagaban, y la calle estaba en ese anochecer tardío característico de los primeros días de verano en junio. Hacía calor. Tenían las ventanas abiertas y se oía el murmullo constante del ajetreo de las gentes, el discreto clinclineo de las jarras de cerveza en las mesas de los bares, las conversaciones intrascendentes.
Ella se acercó a la ventana, arrastrado su pierna amoratada, para respirar el aire fresco de la noche. Los vió.
Una pareja que estaba en el portal de la calle del Olmo. Olmo, 32. La chica bailaba y se contoneaba hacia el portal y el chico la seguía, balanceando un casco de moto en el brazo, como queriendo seguirla sin querer. Ella se detuvo en el portal.
Había acabado de fregar y se acercó a ella.
- ¿Qué haces?
- Hay una pareja abajo...
Él también miró.
- ¿y qué haces?
Repitió.
- Jugar. Juego a inventarme su historia por sus gestos, por cómo se acercan el uno al otro, por cómo se miran, por su ropa.
La besó en la mejilla y acercó dos sillas, para sentarse a seguir observando.
La pareja seguía allí. Ella se acercaba sigilosa, a la comisura de los labios de él. Los bordeaba y le susurraba algo al oído. Él sonreía y la abrazaba por la cintura, buscando besarla. Ella evitaba su boca y la buscaba.
-Están jugando.
- ¿Es una ruptura? ¿Es una pareja que está volviendo a verse a ver si pueden recomponer las cosas?
- Es una de las primeras citas. Aún no se han besado.
Se acercan al portal. Ella coge su llave y abre. Las luces del pasillo de encienden. Él se acerca y la besa en el escalón entre la calle y el portal, ella en el escalón superior, él abajo. La luz del pasillo se apaga.
- ¡Que entran que entran!
- ¡Maldita luz! ¡A ver si baja algún vecino a sacar la basura o algo! ¡Que nos lo vamos a perder!
La luz se enciende de nuevo. Él sale del portal y ella entra, sola, como para subir a casa.
-¡¿Qué nos hemos perdido?! ¿Por qué se va?
- Tengo ganas de gritarle y decirle que le diga que la quiere. Que siempre la ha querido.
- ¡Pero si es una primera cita! ¿Cómo le va a decir que la quiere! ¡Se va a asustar!
- Son una pareja que ha roto. Tiene que decirle que la quiere. ¡Si no no se van a arreglar nunca! Seguro que cuando estaban juntos no se lo decía...
El chico espera fuera, en la calle. Se mueve despacio, hacia abajo de la calle, y luego hacia arriba. Se sienta en una moto mirando el teléfono. Se enciende la luz del pasillo otra vez. Una señora mayor saca su bolsa de basura violeta. La sigue la chica. Sale, él la abraza, se besan y vuelve a entrar, sola en casa. Él se pone el casco de la moto. Pasa una pierna y se sienta en la moto. Se abrocha el casco.
Se enciende una luz en el 3ºB.
- Estas cosas nunca acaban como deberían. Ya se va. ¡Qué pena!
-¿Crees que volverá?
-Quizás...
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